
Our cover: Iván Rodriguez
ENGLISH VERSION
In the 1960s-70s, much of the English speaking world was undergoing a revolution of thought that largely owed itself to the increased popularity of psychedelic music, literature, film, and, last but certainly not least (seeing as it had inspired the aforementioned media), psychedelic drugs. It’s an era in history that saw the increased opposition to war, at a time where the threat of nuclear war felt very real, as people also stepped up in their fight for rights for black people, women and the LGBTQ+ community. It was a crucial time in social history and a lot of it was indirectly inspired by psychedelics, something that had been used centuries prior in Bolivia.
In 2010, archaeological evidence was found to suggest that ayahuasca, a psychedelic drug, had been used more than a millennia ago. Evidence for this was found in a cave in Cueva del Chileno in the south of Bolivia, near its border with Chile. The findings suggested that ayahuasca was used through ritualistic practices that are still common in Bolivia today. During my time in La Paz, I’ve come across many people who have used Ayahuasca. It is seen as something to do at least once in your life as it rebirths you into the world with a new outlook. Users often feel very connected to the natural land around them and report a new understanding of conscience collectivism, a thought that looks at the way everyone and everything is connected, one way or another. These concepts are extremely important in understanding why the world took on a new way of thinking in its postwar era.
While it broadens one’s understanding of consciousness and has led to this movement in the west, that isn’t ayahuasca’s sole purpose, especially not in Bolivia. It was initially used as a way of divination and communicating with spirits and forces beyond the material world. Today, some of these practices remain, such as the necessity of a shaman in order to have an ayahuasca ceremony and the drawing of a circle of safety to keep away the bad entities that linger. Ceremonies sometimes take place in places of spiritual importance, it is important to note that Andean religion and cosmovision is so inexplicably linked to the lands its believers inhabited.
In the west, the psychedelic movement in the mid-60s to mid-70s furthered their understanding of the conscious collective and took to the streets to protest against the looming destruction of war and increased rights for their fellow man. These sentiments can find their roots in the realisations people had come to through the use of these psychoactive drugs, used thousands of years ago by the Pre-Colombian Andean people. It seems almost fitting that a compassionate movement spurred by the unfathomable connection to the people and world around us has its roots thousands of years ago a whole continent away. Perhaps, everything is tied together after all.
This month’s edition of the Bolivian Express looks at more than the elusive ayahuasca. We take a journey through Bolivia’s more spiritual side and get into the world loving mood with a story on local greenhouses that sustain whole villages. Peace and love!
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VERSIÓN EN ESPAÑOL
En las décadas de 1960 y 1970, parte del mundo de habla inglesa estaba experimentando una revolución de ideas, en gran medida por la creciente popularidad de la música psicodélica, la literatura, el cine y, por último, pero no menos importante (y que había inspirado a los medios de comunicación mencionados), las drogas psicodélicas. Es un tiempo histórico donde se vio una mayor oposición a la guerra, en un momento en que se sentía muy real la amenaza de una guerra nuclear, donde también las personas intensificaron su lucha por los derechos de las personas negras, las mujeres y la comunidad LGBTQ +. Fue un momento crucial en la sociedad y mucho de ello fue indirectamente inspirado por psicodélicos, algo que ya se usaba siglos antes en Bolivia.
En el 2010, se encontró evidencia arqueológica que indica que la ayahuasca, una droga psicodélica, se usaba hace más de un milenio. La evidencia se encontró en una cueva, la Cueva del Chileno, en el sur de Bolivia, por la frontera con Chile. Se piensa que es algo que tienes que hacer al menos una vez en tu vida, porque te hace renacer con una nueva perspectiva. Quienes lo hacen a menudo se sienten conectados con la naturaleza y consiguen una conciencia comunitaria, un pensamiento que percibe que todos y todo están conectados, de una forma u otra. Estos conceptos son importantes para comprender por qué el mundo adoptó una nueva forma de pensar en su era de posguerra.
Si bien la ayahuasca amplía la comprensión de la conciencia en Occidente, no fue su único propósito, especialmente no en Bolivia. Inicialmente se usó como una forma de comunicación con espíritus y fuerzas del mundo inmaterial. Hoy se mantienen algunas de estas ceremonias, con la guía de un chamán para alejar a los malos espíritus que perseveran. Las ceremonias a veces se hacen en lugares sagrados, porque la religión y la cosmovisión andina está misteriosamente ligada a las tierras donde habitaban sus creyentes.
El respeto que tienen por esta tierra sagrada los indígenas quechuas o aymaras es comparable a la conexión con la naturaleza que experimentan los practicantes de ayahuasca y otros psicodélicos. El movimiento psicodélico de mediados de los 60 a mediados de los 70 amplió su conciencia colectiva y tomó las calles para protestar contra la guerra y el aumento de los derechos de sus semejantes. Este conocimiento puede tener sus raíces en la conciencia que la gente había adquirido a través del uso de estas drogas psicoactivas, utilizadas hace miles de años por los pueblos andinos. Parece casi lógico que un movimiento impulsado por la conexión de las personas con la naturaleza, tenga sus raíces hace miles de años y a todo un continente de distancia. Quizás, después de todo, todo esté unido.
La edición de Bolivian Express de este mes examina más que la esquiva ayahuasca. Hacemos un viaje por el lado espiritual de Bolivia y nos adentramos en el ambiente afectivo del mundo con una historia sobre los invernaderos locales que sustentan pueblos enteros. ¡Paz y amor!
Illustration: Marco Tóxico
ENGLISH VERSION
For Andean and Amazonian indigenous cultures in Bolivia, hallucinogenic plants are synonymous to medicine, spirituality and even religion. Ever since ancestral times, ayahuasca (which grows in the Amazon) and San Pedro (which grows in the altiplano between 2000 and 3000 meters above sea level) have been used as medicinal plants that heal the soul. To this day, people partake in different ceremonies in the country to expand their consciousness. One of the most famous destinations in Bolivia for these rituals is the Valle de las Animas, where the Sacha Runa organisation welcomes people from all over the world to take part in medicinal plant ceremonies that can cost up to $100. The clientele varies from young alteños, to upper-class Bolivian housewives, to foreigners who come to Bolivia exclusively for this experience.
The city of Cobija is another well-known destination for medicinal plant rituals in Bolivia. In that part of the country, some people practice the doctrine of Santo Daime, founded in Brazil by Master Irineo, who allegedly received the sacred plant of ayahuasca from the Virgin Mary herself. Worshiping Catholic icons and singing hymns unique to their doctrine, these people pray to God, to life and to the forces of nature. The name ‘Daime’ comes from the Portuguese word Dai-me, which means give me. Practitioners of this doctrine implore the plant to: give them strength, give them light, give them love. Among Bolivia’s many attractive features, the country is also becoming a destination where you can experience these “journeys” that in some way or another is a fundamental part of its ancestral cultures.
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VERSIÓN EN ESPAÑOL
Para los pueblos indígenas andinos y amazónicos en Bolivia, las plantas alucinógenas son sinónimo de medicina, espiritualidad e incluso religión. Desde tiempos ancestrales, la ayahuasca (que crece en el Amazonas) y San Pedro (que crece en el altiplano entre 2000 y 3000 metros sobre el nivel del mar) se han utilizado como plantas medicinales que curan el alma. Hasta el día de hoy, las personas participan en diferentes ceremonias en el país para expandir su conciencia. Uno de los destinos más famosos de Bolivia para estos rituales es el Valle de las Ánimas, donde la organización Sacha Runa da la bienvenida a personas de todo el mundo para participar en ceremonias de plantas medicinales que pueden costar hasta $100. La clientela varía desde jóvenes alteños, amas de casa bolivianas de clase alta, hasta extranjeros que vienen a Bolivia únicamente para esta experiencia.
La ciudad de Cobija es otro destino conocido para los rituales de plantas medicinales en Bolivia. En esa parte del país, algunas personas practican la doctrina del Santo Daime, fundada en Brasil por el Maestro Irineo, quien supuestamente recibió la planta sagrada de ayahuasca de la propia Virgen María. Adorando íconos católicos y cantando himnos únicos a su doctrina, estas personas oran a Dios, a la vida y a las fuerzas de la naturaleza. El nombre ""Daime"" proviene de la palabra portuguesa Dai-me, que significa dame. Los practicantes de esta doctrina imploran a la planta que: les dé fuerza, les dé luz, les dé amor. Entre los muchos atractivos de Bolivia, el país también se está convirtiendo en un destino donde vivir estos “viajes” que de una forma u otra, son parte fundamental de sus culturas ancestrales.