Magazine # 110
RELEASE DATE: 2020-10-31
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EDITORIAL BY EDUARDO RODRíGUEZ VELTZé

ENGLISH VERSION

Elections 2020: Minimal and Urgent Agreements

As Bolivians, we need far-reaching political agreements in order to overcome the pandemic and the current political and economic crisis. In my experience as an interim president of Bolivia, I learned that with timely and transparent elections, it is possible to renew and restore the organs of the state through agreements made between all of the main political actors in the country. This happened after President Mesa’s resignation in 2005. Despite the lack of partisan support in the Congress of the Republic of Bolivia, I was able to negotiate, call general elections, hold regional referendums, elect prefects and call for a constituent assembly. Thus, due to this pact between the different parties and governmental bodies that my government organised, stable and fair elections were held and an orderly transition to the new elected regime occurred.

 

Unfortunately, another political crisis arose in 2019. With President Morales stepping down at a time of extreme social divide, it became apparent that there was an urgent need for an interim government that could swiftly arrange new elections. Añez’s government did not satisfy this need. Two factors hindered the transition into a stable governance: firstly, the interim president decided to become a presidential candidate herself, which affected the effectiveness and neutrality of the transition. Secondly, a factor that no one could have foreseen was Covid-19, which revealed that the country did not have the sanitary or medical conditions to face the pandemic and triggered devastating economic repercussions.

 

During times of crisis, it is fundamental to preserve democratic order and the well-being of the majority of the population. In democratic states, ideological differences and power struggles must be dealt with through dialogue, organisation, cooperation and solidarity between opposing parties. When a crisis affects the majority of the country’s population, 

democratic leaders have the utmost duty of suspending their partisan and personal interests in order to fight for the greater good. Thus, political representatives must put aside their differences and agree on solutions to sustain the functioning of the state. History has proven that it is not just the electoral results, judicial decisions or mass protests that have single-handedly resolved conflict and generated the best public policies. Good governors do not seek popularity or media coverage. This will happen organically when those who are democratically elected to govern use this power to protect the people who voted them in. However, political stubbornness which excludes and blames others creates barriers for constructive national debates and hinders democracy and agreement. 

 

Bolivians are having to face one of the worst, if not the worst, crisis in our country’s history: the pandemic has put everyone's life and health at risk and we are still struggling to meet the minimum conditions necessary to face it. Schools and universities have closed their classrooms, virtual teaching exposes social inequalities that obstruct certain sectors from accessing internet and technology. Our economy has been weakened to the point that we are dependent on external credit to cover current spending and our main sources of income that sustain public interest have been seriously affected. Public and private companies have dramatically reduced or closed down activity which has generated unemployment, a job crisis and more poverty. 

 

Instability and crisis are tackled by creating pacts and sacrifices made for the greater good of a country. These values are what we expect from politicians. In the same way that citizens are obliged to attend elections, political leaders are obliged to offer society a minimum set of electoral agreements that correspond to the severity of the crises that we have experienced in the last year.

 

It is a crucial moment for governing bodies to address the following issues:

 

1)    HEALTH: to guarantee sanitary conditions at a national and local level. To provide human, financial and material resources to face the pandemic as well as to guarantee reliable health coverage for all Bolivians.

 

2)    EDUCATION: to educate our younger generations with the sufficient resources at all levels, to ensure their education in the face of the challenges of a new era of uncertainty and poverty.

 

3)    JUSTICE:  to have an accessible, independent and efficient judicial service, with updated and current legislation that safeguards human rights and guarantees legal security for all, without political interference.

 

4)    ECONOMY: to have a stable and sustainable economy, with alternatives to substitute and improve national income and a good management of natural resources. To ensure public policies that reduce poverty and inequality, with better tax conditions to promote growth and job opportunities.


The crisis opens a new opportunity for politics to become a useful tool for society. Therefore, politics and politicians have to negotiate and find ways to accommodate the greater good of the Bolivian people.


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VERSIÓN EN ESPAÑOL

Elecciones nacionales: Acuerdos mínimos y urgentes

Nosotros, los bolivianos, necesitamos acuerdos políticos trascendentales para sobrevivir la Pandemia y la actual crisis política y económica. En mi experiencia como presidente transitorio aprendí que con elecciones oportunas y transparentes es posible renovar y restaurar los órganos del estado a través de acuerdos entre todos los principales actores políticos del país. Así sucedió en 2005, tras la renuncia del presidente Mesa. A pesar de la falta de respaldo partidario en el Congreso de la República, logré acordar con éste la reducción de su mandato, convocar a comicios generales, celebrar referendos autonómicos, elección de prefectos y consolidar la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Así, gracias al gran pacto entre los distintos partidos y órganos gubernamentales que organizó mi gobierno, es que se celebraron elecciones correctas e imparciales y se operó una transición ordenada al nuevo régimen electo.


Lamentablemente en 2019 se repitió la crisis política. La renuncia del presidente Morales y la polarización social generaron la urgente necesidad de un régimen que debía convocar a elecciones de inmediato. El gobierno de Añez no satisfació esta necesidad. Dos factores obstaculizaron este tránsito: uno fue la decisión de la presidenta de candidatear a la Presidencia, lo que afecta a la eficacia y neutralidad propias de la transición. Y otro es la inesperada pandemia del Covid-19 que develó la insuficiencia de condiciones sanitarias para enfrentarla y afectando el desarrollo económico del país.


La premisa fundamental en escenarios de crisis es preservar el orden democrático y el bienestar de la mayoría de la población. En democracia, las diferencias propias de la pluralidad ideológica o las aspiraciones de poder deben resolverse a través del diálogo, la coordinación y la cooperación solidaria, especialmente entre los opuestos. Cuando una crisis afecta a la mayoría de la población,  el máximo deber de todos los líderes democráticos es suspender sus intereses partidarios y personales en favor del bien común. Así, estos deben  dejar de lado sus diferencias y concertar soluciones para sostener el funcionamiento del estado. La historia ha demostrado que no son los resultados electorales, los fallos judiciales o las protestas, las que por sí mismas resuelven la convivencia y generan las mejores políticas públicas. El buen gobierno no busca popularidad ni cobertura mediática. Esto sucederá cuando aquellos elegidos democráticamente para gobernar utilicen el poder para proteger al pueblo que los eligió. Pero el actual empecinamiento en la exclusión y la recriminación truncan el debate constructivo e impiden lograr consensos para el futuro.


Los bolivianos enfrentamos una de las peores, sino la peor crisis de nuestra historia: La pandemia del Covid-19 ha puesto en riesgo la vida y la salud de todos y no contamos todavía con las condiciones mínimas para enfrentarla. Las escuelas y universidades han cerrado sus aulas, la actividad virtual tiene deficiencias y asimetrías en el acceso a los medios. La economía del Estado está debilitada al punto de que se anuncia la dependencia de los créditos externos para cubrir el gasto corriente y los principales rubros de ingreso para sostener la renta pública están seriamente afectados. Empresas públicas y privadas reducen o cierran actividades generando desempleo, crisis laboral y más pobreza. 


Las grandes crisis se enfrentan con pactos generales y con la grandeza que viene del sacrificio por el bien común. Estos valores son los que deben mostrar las figuras políticas. Así como los ciudadanos estamos obligados a concurrir a las elecciones, los candidatos están obligados a ofrecer a la sociedad un conjunto mínimo de acuerdos electorales que correspondan a la gravedad de las crisis que vivimos en el último año.


Es una oportunidad impostergable para generar pactos o acuerdos de contenidos generales y eficaces sobre:


1)        SALUD, para garantizar las condiciones sanitarias a nivel nacional y subnacional, recursos humanos, financieros y materiales para atender la pandemia y aquellas necesarias para garantizar una cobertura de salud confiable para todos los bolivianos,

2)        EDUCACIÓN, para atender la formación de la juventud con suficientes recursos en todos sus niveles, para asegurar su formación frente a los desafíos de una nueva era de incertidumbre y pobreza, 

3)        JUSTICIA, para contar con un servicio accesible, independiente y eficaz, con legislación actualizada y armonizada que resguarde los derechos humanos y garantice la seguridad jurídica de todos, sin intromisión política.

4)        Una ECONOMÍA, estable y sostenible, provista de alternativas para sustituir y mejorar los ingresos nacionales y la gestión de los recursos naturales;  con políticas públicas para reducir la pobreza y la desigualdad; con mejores condiciones impositivas para fomentar el crecimiento y  las oportunidades laborales.


La crisis abre una nueva oportunidad para que la política se convierta en un instrumento útil para la sociedad. Por eso, la política y los políticos tienen que encontrar una vocación por el bien común nacional.

Kayfabe
October 31/2020| articles

Photo: Malhar Mahurkar

ENGLISH VERSION


There is a term often used in wrestling to explain the staging and the fictitious plot that exists behind the performance of the wrestlers: Kayfabe. This concept stems from the word 'fake', adapted and used by North American workers at travelling circuses, carnivals, and county fairs in the mid-18th century. In recent years, however, this term has been commodified to suit different contexts and has positioned itself as a useful tool for political analysis, especially regarding electoral campaigns. 


The academically correct definition of Kayfabe is outlined as the accepted substitution of reality and voluntary suspension of disbelief, with the sole purpose of satisfying a growing need for entertainment (Stodden &  Hansen, 2015). Our current consumption trends and our impact on the final product have radically changed our perception and expectation of reality. We have simultaneously been convinced and convinced ourselves that every good story, every good performance, merits a specific cast of actors whose personalities stimulate the development of a plot full of emotions: hate, hope, tenderness, and heroism. The relationship these expectations have, the 'influence' we have on what is consumed and the impulse to buy fictitious realities, with political campaigning is irrefutable. We know that the success or failure of democratic elections, from the birth of nations, has been based on the perceived image of the leading candidate. There is no other reason to explain why so much money is spent on political campaigns, on public image consultants, rhetoric counselors, speech writers, among other things. The better the public perception of the candidate, the greater his/her chances of being victorious.  


Leaving aside the moral implications of caudillismo, this manner of doing politics makes sense. At the end of the day, we see everything for ourselves. Nonetheless, our systems have transgressed; we no longer only use image to sway public opinion, but images are distorted, exaggerated to give people something to talk about and in turn, keep the electorate actively engaged in the personal life, actions and beliefs of the candidate. The general public is, therefore, more likely to depend on dangerous tendencies of denouncing everything as fake news and/or ignoring factual information (two ways of arousing the public’s emotions and buying more airtime). These phenomena also lead politicians to adopt personalities similar to those we see on popular soap opera shows.


In Bolivia, Kayfabe has become unavoidable. Since the events that took place in October 2019, politics has become a soap opera as opposed to reflecting the missions of competent professionals wanting to govern our country. 


Like any other social science, Kayfabe also has a specific terminology and this can be safely assigned to the roles/images acquired by politicians who saturate the media everyday. Villains are known as 'heels', and every story needs one. Heroes, on the other hand, are known as 'faces'. We have the 'jobbers', who are generally the ones who always lose (say PAN-BOL) and who serve to build the image of the 'top man' who, due to the particular context and circumstance, would become the eloquent and morally correct Carlos Mesa, an old acquaintance. We also have the participation of the 'macho-man', the strong man, the 'tweener' a character who disguises himself and can suddenly change sides (from 'good' to 'bad') whenever he pleases. We have the 'shooter' who is described as the wrestler who perhaps takes things too seriously, breaking or pointing out the inconsistencies and the falsehood of the Kayfabe reality. The point is that this is how we can continue until we encompass the entire political sphere. Everyone plays a role in the big show. Additionally, the theorising of Kayfabe allows us to go beyond the simple identification of roles. It permits us also to recognise the melodramatic tendencies that define the discourse and the very interaction between politicians. We come across narratives that border on the ridiculous: Morales accuses Añez, Añez criticises Mesa, corruption cases, nobody knows what happens, suddenly there will be more subsidies, MAS does not allow more subsidies, the mayor falls ill, the candidate resigns his candidacy, campaigns without biosecurity measures, Mesa has Alzheimer’s according to document provided by detractors, etc. We must recognise how this mass entertainment is facilitated by social media networks. 


The main issue with social media networks is that so much information on so many topics and actors is disposable instantaneously. On Facebook, we can find, among memes and cooking videos, the president talking about transgenics. On Instagram we see, among the singers and models, Camacho criticising the transitional government in a Homeric way. The line between politics and entertainment becomes increasingly blurred. What happens in the country becomes nothing more than gossip, with the difference that there are thousands of people at risk and the future of millions are being played with. Unfortunately, this urgency is sometimes lost among the videos of BLM protestors burning police cars and people dancing on TikTok, official news is just another post. 


This might also explain why more and more public figures opt to turn to politics. Their presence on television, in football matches and music videos have already contributed to their campaign fame, they have won a position in the public eye. If I see a singer in the same place I see the president, subconsciously one comes to assume that they are at the same level, they enjoy the same relevance. A footballer in Peru has been the mayor of La Victoria since 2018. Mexico has had soap opera actresses, boxers, and even just recurring guests in game shows as candidates for the presidency and other public positions. I was disappointed to see how Kanye West, who with a little more time, could have put together a political campaign.  


Finally, I would like to present some other consequences of Kayfabe, to instigate the reflection on the way we are constructing political culture and the dynamics that dictate democratic practices in the country. Laine (2018) points out that, following the adoption of the Kayfabe philosophy, we are not only conscious that we are being “fooled” but that we find pleasure in being fooled. We say goodbye to critical thinking, instead we adopt the philosophy that “whoever catches my attention the most, gets my vote.” In the world of Kayfabe, “dramaturgical loyalty” means never breaking character. This norm is defended to death because viewers cannot be disappointed.  A politician could even generate instability for not following through an act that people “paid’ to watch. Politics, therefore, begins to be governed by a consumerist behavior dictated by the electorate and not as critical political agents. In other words, they control it as they would control sales of a theatre play or a movie through their reviews. Lastly, we have the newly-acquired perception of politics and what it means to have real agency in decision-making. The people may convince themselves that, because they participate in online political debates, they have suddenly fulfilled their civic duty. Decision-making passes into the alternative reality of Kayfabe where information on habits and personality define a political candidate’s propaganda success.

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VERSIÓN EN ESPAÑOL

Existe un término utilizado en la lucha libre para explicar la puesta en escena y la trama ficticia que existe tras el performance de los luchadores: Kayfabe. Este concepto nace de la palabra ‘fake’ o falso, adaptada y usada por los trabajadores norteamericanos de carnavales, circos ambulantes y ferias de condado a mediados del siglo 18. En los últimos años, sin embargo, este término ha escapado el espacio para el que fue originalmente creado, y se ha posicionado como una útil herramienta para el análisis político, especialmente el referente a las campañas electorales.  

La definición académicamente correcta del Kayfabe se esboza como la aceptada sustitución de la realidad y voluntaria suspensión de la incredulidad, con el solito propósito de satisfacer una creciente necesidad de entretenimiento (Stodden &  Hansen , 2015). Nuestras actuales tendencias de consumo y nuestra incidencia en el producto final ha cambiado radicalmente nuestra percepción  y expectativa sobre la realidad;  nos hemos y nos han llegado a convencer que toda buena historia, todo buen performance, amerita un específico elenco de actores cuyos personalidades estimulen el desarrollo de una trama llena de emociones. Odio, esperanza, ternura, heroísmo. La relación que tienen estas expectativas, la ‘influencia’ que tenemos sobre lo consumido y el impulso a comprar realidades ficticias, con la candidatura política son irrefutables. Sabemos, que el éxito o fracaso de unas elecciones democráticas, prácticamente desde el inicio de las naciones, se ha basado sobre la imagen percibida del candidato. No por otra cosa se gasta tanto dinero en las campañas políticas, no por otra cosa se contratan asesores de imagen, oradores, escritores de discurso entre otras cosas. Mientras mejor sea percibido el candidato, mayor son sus probabilidades de salir vencedor. 

Dejando de lado las implicaciones morales del caudillismo, esta forma de hacer política tiene sentido. Al fin y al cabo, todo entra por los ojos. Sin embargo, todo se ha transgredido; ya no es solo el uso de la imagen para influir en la opinión del público sino que se apunta a distorsionar al extremo esta para dar de qué hablar y a su vez mantener al electorado activamente interesado en las acciones, vida personal y/o creencias del candidato. Esto ha llevado no solo a la peligrosa tendencia de denunciar todo como fake news y hacer caso omiso a los hechos factuales (forma de despertar emociones en la gente y ganar tiempo en el aire) pero también ha llevado a que los políticos empiecen a adoptar roles de personajes de telenovela. 

En el caso boliviano el Kayfabe se ha vuelto ineludible. Desde los acotamientos de octubre del 2019, la política se ha ido acercando más hacia un tono similar a una telenovela que al de profesionales competentes con la misión y propósito de dirigir nuestro país.

Así como cualquier otra ciencia social, el Kayfabe también cuenta con una terminología específica y se puede tranquilamente asignar esta a los roles/imágenes adquiridas por los políticos que inundan día a día los medios de comunicación. A los villanos se los conoce como ‘heels', y toda historia necesita uno. A los héroes, por otro lado, se los conoce como ‘faces’. Tenemos a los ‘jobbers’ que son por lo general los que siempre pierden (dígase PAN-BOL) y quienes sirven para construir la imagen del ‘top man’ que debido al particular contexto y circunstancia  llegaría a ser el moralmente correcto y elocuente Carlos D. Mesa, un viejo conocido. Contamos también con la participación del “macho-man”, el hombre fuerte, que encaja perfecto bajo la categoría de ‘tweener’ que define a un personaje que se camufla y puede repentinamente cambiar de bueno a malo como le plazca. Tenemos al ‘shooter’ que se describe como el luchador que toma las cosas quizás muy en serio, rompiendo o haciendo notar las inconsistencias y la falsedad de la realidad del Kayfabe. El punto es que así podemos continuar hasta mencionar a todos los que forman hoy parte de la esfera política. Todos juegan un rol en la gran farándula. Adicionalmente, la teorización del Kayfabe nos permite ir más allá de la simple identificación de roles; nos permite también reconocer las tendencias melodramáticas que definen los discursos y la mismísima interacción entre políticos. Nos topamos con narrativas que bordean lo ridículo:  Morales acusa a Añez, Añez cítrica a Mesa, casos de corrupción, nadie sabe qué ocurre, de pronto habrían más bonos, el MAS no permite que existan más bonos, el alcalde se enferma, candidato renuncia a su candidatura, campañas sin medidas de bioseguridad, Mesa tiene Alzheimer según documento provisionado por detractores etcétera, etcétera. Y debemos reconocer el papel de facilitador de este entretenimiento de masas a las redes sociales.

Este es otro punto importante, el principal problema de las redes sociales es que dentro de ellas se llegan a juntar temas y actores tan diferentes y con tanta facilidad, en una velocidad de tiempo instantánea.  En Facebook podemos encontrar entre memes y videos de cocina a la presidenta hablar de Transgénicos. En Instagram vemos, entre cantantes y modelos, a Camacho criticando de forma homérica al gobierno de transición. La línea entre política y entretenimiento se vuelve entonces cada vez más borrosa. Lo que sucede en el país se convierte nada más que en otro gran chisme, con la diferencia que hay miles de personas afectadas y se está jugando con el futuro de millones. Pero este hecho, no es percatado porque entre videos de manifestantes del movimiento BLM quemando patrullas y personas bailando en tiktok, una noticia oficial resulta ser solo un post más. 

Esto también explica por qué cada vez más figuras públicas optan por recurrir a la política, su presencia en canales de televisión, en partidos de fútbol y en videos musicales les ha hecho ya campaña, ya han ganado un puesto en la cabeza de la gente. Si veo a un cantante en el mismo lugar que al presidente uno subconscientemente llega a asumir que están a la misma altura, comparten el espacio. Sin ir muy lejos, un jugador de fútbol en Perú es alcalde de La Victoria desde 2018. México ha tenido actriz de telenovela, boxeadores y hasta recurrentes invitados  en reality de juegos como candidatos a la presidencia. Confieso también el pesar que me sumerge ver  a Kanye West, que con un poco más de tiempo podría haber armado una campaña.

Me gustaría por último dar a conocer algunas otras consecuencias del Kayfabe, esto para de verdad incitar a la reflexión sobre la manera en cómo estamos construyendo la cultura política y las dinámicas que dictan la práctica de la democracia en el país. Laine (2018) señala que, tras adoptar la filosofía del Kayfabe, no estamos solo conscientes de que estamos siendo ‘engañados’ pero encontramos placer en que nos engañen. Esto se traduce en un resignado adiós al pensamiento crítico, en un; “el que más llame mi atención se llevará mi voto.” Otra implicación nace de  la “lealtad dramatúrgica” que en el mundo del Kayfabe significa nunca romper el papel o rol. Esta norma se defiende a muerte porque no se puede decepcionar a los espectadores. Un político podría llegar a generar hasta desestabilidad  a consecuencia de las quejas que la gente podría presentar por no recibir aquello por lo que ‘pagaron’.  La política, por tanto, inicia a ser regida por un comportamiento de consumidor por parte del electorado y no como agentes políticos críticos. Es decir, la controlan cómo controlarían las ventas de una obra de teatro o alguna película por medio de sus reseñas. Por último, tenemos la nueva-adquirida percepción sobre la política y lo que significa tener agencia real en la toma de decisiones. Puede suceder que la gente se convenza de que por participar de manera online en el debate político de pronto ya cumplieron con su deber cívico. El acto de decidir pasa a la alternativa realidad del Kayfabe en donde el único aporte que se hace es dotar información de hábitos y personalidad para que los candidatos y/o políticos sean más eficientes con su propaganda. 


Bibliografía

    Stodden, William P and John S. Hansen. 2015. “Politics by KayFabe: Professional Wrestling and the Creation of Public Opinion,” in The Sociology of Sports. Brandon Lang, ed. San Diego: Cognella


    Laine, Ero. 2018. ‘’Professional Wrestling Scholarship: Legitimacy and Kayfabe,’’ in The Popular Culture Studies Journal. MPCA/ACA. Minnesota


    Herrmann, Sebastian. 2016. Wrestling with the Real: Politics, Journalism, History in ""Frost/Nixon"", and the Complex Realism of Kayfabe. Amerikastudien / American Studies, 61(1), 11-31. Retrieved October 14, 2020, from http://www.jstor.org/stable/44071932

A return to the Revolutionary Workers’ Party / El retorno del Partido Obrero Revolucionario
October 31/2020| articles

ENGLISH VERSION

Their fight to hold the government accountable to its people

2 years ago, while in La Paz I attended the centenary of the Russian Revolution, hosted by the Trotskyist old guard, Partido Obrero Revolucionario (POR). It was a celebration that started off with warm greetings, songs of revolutions and the best rendition of ‘Bella Ciao’ I have heard to this day. These however were cut short, paving the way for scathing remarks directed towards the then incumbent Evo Morales and his government. One person after another, miners, factory workers and the Trotskyist intelligentsia, launched their attacks on a government that, at first glance, had their best interests at heart. Left wing unity is something of rarity across the world. While the left on the whole agree, to varying degrees, on a state that puts its people before profit and capital, they struggle to agree on how to achieve this. I was reminded on that day two years ago that Bolivia was no exception to this. 

The left wing in Bolivia has a long history. Bolivia has hosted its fair share of revolutions and revolutionaries, it’s perhaps most famous for the death of Che Guevara after he launched his guerilla campaign in Vallegrande. Bolivia’s own left wing parties, the POR and its one time brother in revolution that now lays at the centre of the political spectrum, MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario), are paramount to understanding the left in Bolivia. Both have had hands in revolutions that have changed the face of the country, the most prominent coming in 1952 led by the political aptitude of the MNR and the guns and brawl of the POR in a joint coalition to dispose of the military junta. Both parties have had very different trajectories since then, the POR sticking with its grassroots, made up of mostly miners and factory workers, and the MNR has turned to the democratic system, controversially aligning itself with Gonzalo Sanchez de Lozada (also known as Goni) in the 2002 elections. 

Goni isn’t a leftist, his policies did little to impress Evo Morales and his party MAS (Movmiento al socialismo), who had strong backing from the workers unions in Bolivia. It was reported in October 2003 that Goni was to sell Bolivian National Gas to the USA and Mexico, the means of production was out of the hands of Bolivian people, sparking anger, blockades and riots. It resulted in what was effectively a revolution that drove Goni into exile. Two years into an interim presidency headed by Carlos Mesa, Morales centred himself around the protests of 2005 which argued that Mesa’s reforms on foreign tax weren’t enough to protect Bolivian industries. This led to Mesa’s resignation and an election in December 2005. Evo Morales was unanimously elected in the four times he ran preceding these events, his fourth reelection in 2019 had led to his exile on the back of a military coup.

To focus solely on the differences and in-fighting between left wing groups would  disregard the complexities and nuances of the Bolivian state. It was far more than political dogma that won over votes and the hearts of the people. Bolivia, a largely indigenous Plurinational nation, has seen massive progress in terms of indigenous rights under Morales. For many, he was a figure that stood for much more than his ideology. He championed the rights of his people, rights that had long been neglected by the Bolivian state. It is for this reason, MAS comes out on top and has won the hearts of the disenfranchised peoples of Bolivia. Morales’ mark is clear to see to this day, in every establishment there is a plaque that states “Todos somos iguales aquí de la ley” or a variant of the same, a decree that “everyone here is equal under the law”. While it's a sign of social progress in Bolivia, it also reminds us that there were times when indigenous people were turned away at every corner. It is plain and simple, Evo Morales has created a better future for the indigenous people of Bolivia and the people will continue to side with MAS if that continues to be the case. 

For the Trotskists and leftists at POR who had high hopes for a socialist government, Morales has failed at being a socialist. Morales was only socialist in name, the POR urging us to look towards the increased privatisation that has taken place in Bolivia as an example. In 2016, workers at the Enatex textile factory marched against Morales’ government who had closed down the factory after having nationalised it previously. Increased trade with China has led to a decline in Bolivian industry leading worker’s leaders at the COB (Central Obrera Boliviana), the centralised worker’s union in Bolivia, to demand for more protectionist policies to protect jobs. Further suspicions arose when an Oxford Analytica had reported the business elite of Santa Cruz had shifted towards Morales, citing “favourable economic conditions,” as the reason further confirming that, “business groups will refrain from conspiring against the government in the political sphere”.

On the back of this and other instances of straying far from the trodden path of socialism, POR had called on its members to spoil their ballot. “VIVA EL VOTO NULO O BLANCO!”, was the headline of their Masas outlet on October 5 of this year. As of the October 19, MAS have been seemingly reelected and for the 52% that voted for them, this is hope’s second coming. MAS have always claimed to stand for the people, the great strides they have made for the indigenous peoples backs this claim. For those who feel disenfranchised at POR and the worker’s unions that continue to fight for proletariat empowerment, their trust must now be placed in a government who must be held to account. The two years since I attended their party conference has taught me that POR will continue to do so, for now we wait and hope for a brighter future for all the peoples of Bolivia.

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VERSIÓN EN ESPAÑOL

La lucha para mantener el gobierno para el proletariado

Hace dos años, cuando estaba en La Paz, asistí al centenario de la Revolución Rusa, celebrado por la antigua guardia Trotskista del Partido Obrero Revolucionario (POR). Fue una fiesta que comenzó con abrazos, cantos de revoluciones y la mejor interpretación de “Bella Ciao” que he escuchado hasta el día de hoy. Sin embargo, momentos después, se empezaron a escuchar comentarios mordaces dirigidos hacia el entonces titular de la presidencia boliviana: Evo Morales y su gobierno. Una persona tras otra, los mineros, los trabajadores de las fábricas y la intelectualidad trotskista, lanzaron sus ataques contra un gobierno que, a primera vista, tenía los mejores intereses para estos grupos sociales. La ideología política de izquierda es algo extraño en todo el mundo. Si bien la izquierda en general está de acuerdo, en diversos temas, en un estado que antepone a su gente antes que a las ganancias y al capital, siguen en su lucha constante por ponerse de acuerdo sobre cómo lograr criterios unísonos. Ese día, hace 2 años, me recordaron que Bolivia no es una excepción a esta separación de criterios en esta ala política.

La izquierda en Bolivia tiene una larga historia. Bolivia ha sido sede de una buena cantidad de revoluciones y revolucionarios, que es quizás más famosa por ser la tierra de la muerte del Che Guevara después de que lanzó su campaña de guerrilla en Vallegrande (departamento de Santa Cruz). Los propios partidos de izquierda de Bolivia, el POR y el MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario), son fundamentales para comprender esta ideología política en el país. Ambos han tenido participación en revoluciones que han cambiado la faz del país. Una de las más destacadas, en 1952, liderada por la aptitud política del MNR y las armas del POR en una coalición conjunta para deshacerse de la junta militar. Ambos partidos han tenido trayectorias muy diferentes desde entonces, el POR se mantuvo fiel a sus bases, compuestas en su mayoría por mineros y obreros fabriles, y el MNR se ha volcado hacia el sistema democrático, alineándose polémicamente con Gonzalo Sánchez de Lozada (también conocido como Goni). en las elecciones de 2002.

Goni no es un izquierdista, sus acciones previas a la Guerra del Gas de 2003 dan fundamento a esta afirmación que fue impulsada por Evo Morales y el partido del MAS (Movimiento al Socialismo). En octubre de 2003 se informó que Goni iba a vender Gas Nacional de Bolivia a Estados Unidos y México. Los medios de producción estaban fuera del alcance del pueblo boliviano, lo que generó ira, bloqueos y disturbios. Resultó en lo que fue efectivamente una revolución que llevó a Goni al exilio. Dos años después de una presidencia interina encabezada por Carlos D. Mesa, Morales fungió como centro de las protestas de 2005 que argumentaban que las reformas de Mesa sobre impuestos a corporaciones extranjeras no eran suficientes para proteger a las industrias bolivianas. Esto llevó a la renuncia de Mesa y a las elecciones de diciembre de 2005. Evo Morales fue elegido por unanimidad en las cuatro ocasiones que se postuló a la presidencia del Estado y, ante estos hechos, en la búsqueda de una eternización en el poder, su cuarta reelección en 2019 lo llevó al exilio respaldado por un golpe militar.

Centrarse únicamente en las diferencias y las luchas internas entre los grupos de izquierda haría caso omiso a las complejidades y matices del estado boliviano. Fue mucho  más que un dogma político lo que ganó votos y el corazón de la gente sobre un partido que aparentemente tenía ideología de izquierda. Bolivia, una nación plurinacional, en gran parte indígena, ha experimentado un progreso masivo en términos de derechos indígenas bajo los mandatos de Evo Morales. Para muchos, fue una figura que representaba mucho más que su ideología. Defendió los derechos de su pueblo, derechos que el estado de Bolivia había descuidado durante mucho tiempo. Es por eso que el MAS sale a colación como el precursor de estas luchas y se ganó el corazón de los pueblos marginados de Bolivia. La marca de Morales tiene un peso profundo. En cada establecimiento comercial o público hay una placa que tiene el refrán “Todos somos iguales ante la ley”. Si bien es una señal del progreso social en Bolivia, también nos recuerda que hubo momentos en que los indígenas fueron rechazados en cada esquina del territorio nacional. Evo Morales ha creado una visión mejor de futuro para los pueblos indígenas de Bolivia y este pueblo seguirá aparentemente del lado del Movimiento al Socialismo si ese sigue siendo el caso, más allá de los “menjunjes” de la administración pública.

Para los trotskistas y los izquierdistas del POR, qué tenían grandes esperanzas en un gobierno socialista, Morales no ha logrado serlo más allá de la sigla del partido al que representa. El gobierno de Morales era solo socialista de nombre, el POR instaba a mirar hacia la creciente privatización que ha tenido lugar en Bolivia. Como ejemplo, En 2016, los trabajadores de la fábrica textil Enatex marcharon contra el gobierno de Morales, que había cerrado la fábrica después de haberla nacionalizado anteriormente. El aumento del comercio con China ha provocado una disminución de ventas de la industria boliviana, y la COB (Central Obrera Boliviana),  que es el sindicato de trabajadores centralizado en Bolivia, se vio en la necesidad de exigir políticas más proteccionistas para proteger sus empleos. Surgieron más sospechas de estos casos cuando una Oxford Analytica informó que la élite empresarial de Santa Cruz se había aliado con Morales, refrendando: ""condiciones económicas favorables"", como la razón que confirma el carácter capitalista de dicho gobierno, además de declarar que: ""los grupos empresariales se abstendrán de conspirar contra el gobierno en la esfera política"" como slogan de campaña que el MAS mantenía pero no cumplía en la realidad.

A raíz de este y otros casos de alejarse del camino transitado del socialismo, el POR había pedido a sus miembros que no otorgaran el voto hacia el MAS. “¡VIVA EL VOTO NULO O BLANCO!”, Fue el titular de su outlet de masas el 5 de octubre de este año. A partir del 19 de octubre, el MAS aparentemente ha sido reelegido con el 52% de la población que votó por ellos. El MAS siempre ha pretendido defender al pueblo, los grandes avances que han hecho por los pueblos indígenas lo respaldan. Para aquellos que se sienten privados de sus derechos como el POR y los sindicatos de trabajadores que continúan luchando por el empoderamiento del proletariado, ahora deben depositar su confianza en un gobierno que debe rendir cuentas sobre muchos actos pasados. 

Los dos años que pasaron, desde que asistí a la conferencia del partido , me han enseñado que el POR seguirá haciéndolo. Por ahora esperamos un futuro mejor para todos los bolivianos.

#VOTARÉ: Why Bolivians need to broadcast this hashtag online even though it is obligatory for them to vote / #VOTARÉ: Por qué llenar las redes sociales con este hashtag en un país donde es obligatorio votar
October 31/2020| articles

ENGLISH VERSION

Many people who live in Bolivia and even abroad, but have ties with Bolivians, would have surely noticed that as of October 1 2020, social media, especially Facebook, were filled with the ""I will be voting"" filter. Many did not hesitate to join and changed their profile picture. Others, more distrustful, first inquired but later joined in and a minority asked why in a country where voting is mandatory, a group of citizens had come out to bombard this movement. The answer is easy and we explain them with figures, because on the initiative of the citizen platform ‘Phoenix Plan’ and the Konrad Adenauer Foundation, a study was carried out to find out what percentage of the population hesitated to vote on October 18. We found out the reasons why, approximately 3 out of 10 people, would think of not attending the most important elections in recent years, with which the results could have been affected by the absenteeism caused largely by fear of contracting COVID-19.

For this reason, the #VOTARÉ movement emerged, an apolitical and non-profit initiative, whose sole objective is to inspire Bolivians to go out to vote this October 18, no matter who they are going to vote for. The main idea is to ""spread"" the value of participating in the elections to those who are hesitating to do so, sharing online material that was developed for this purpose such as memes, gifs, filters and others with which youth quickly related to.

To be part of this movement and share this initiative online, there were only 3 non-negotiable conditions:

1. Do not campaign using this hashtag

2. Do not be pessimistic

3. Do not trigger division

A few hours after its launch, hundreds of national social influencers: celebrities, famous figures, television presenters and journalists joined in, showing that citizens were mobilised across social media to encourage a large scale participation to exercise our right to vote.

Further information can be found at www.votare.com.bo


About the Phoenix Plan


On November 14 2019, a group of professional citizens of different ages, without partisan or political purposes, began its civil work with the main objective of starting the material and physical reconstruction of our country. Above all, it was a spiritual and emotional reconstruction, calling itself the ‘Plan Fénix’ (Phoenix Plan), because like this bird, they sought to be reborn from the ashes as the best version of Bolivians. #LaMejorVersionDelBoliviano

The general objective is to contribute to the strengthening of the social fabric of the country, healing historical wounds between social classes, seeking the reunion between Bolivians and a collective well-being, relying on our agreements more than our differences. Through initiatives that promote a culture of peace, we aim to create favorable conditions for the establishment of this and its consolidation, through dialogue and education based on a series of values, attitudes and behaviors, which reject violence and prevent conflicts. These values we hope are supported by respect for human rights, democracy and tolerance, the promotion of development, the free circulation of information and the greater participation of women. In all leading to a comprehensive approach to prevent violence, always prioritising social welfare, gender equity and sustainable entrepreneurship.


About the Konrad Adenauer Foundation


The Konrad Adenauer Foundation (KAS) is an independent, non-profit German political foundation with a presence in more than 100 countries, basing its work on the principles of freedom, justice and solidarity. In Bolivia, KAS celebrates more than 51 years of cooperation, bringing young people, parties and social leaders closer to the responsible exercise of politics, through a wide range of training instances. In doing so, the exchange of ideas and activities is promoted in joint meetings between political organisations and training institutes related to the KAS.

In addition to institutional cooperation with Bolivian partners, KAS carries out its own activities at the national level within the framework of its own attribution and responsibility. It focuses its work, above all, on the training of young leaders who are dedicated to politics, empowering women, publications and research on the economy, lectures, training for journalists, strengthening the rule of law and supporting legislative management, among other things.

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VERSIÓN EN ESPAÑOL

Seguramente mucha gente que vive en Bolivia e incluso en el exterior, pero tiene vínculos con bolivianos, notó que a partir del 1ro de octubre las redes sociales, especialmente el facebook se llenaron del filtro “Votaré” y muchos no dudaron en sumarse y cambiar su foto de perfil. Otros más desconfiados primero indagaron pero después se unieron y una minoría salió a preguntar porque en un país donde es obligatorio votar, un grupo de personas de la ciudadanía habían salido a bombardear con este movimiento. La respuesta es fácil y se las explicamos con cifras, pues por iniciativa de la plataforma ciudadana Plan Fénix y la Fundación Konrad Adenauer, se llevó a cabo un estudio para conocer qué porcentaje de la población dudo en ir a votar el 18 de octubre y por qué motivos, siendo aproximadamente 3 de cada 10 las personas que estarían pensando en no asistir a los comicios electorales más importantes de los últimos años, con lo cual los resultados podrían haberse visto afectados por este ausentismo causado en su gran mayoría por el miedo a contraer COVID-19.

Por este motivo, surgió el movimiento #VOTARÉ; una iniciativa apolítica y sin fines de lucro, que tiene como único objetivo inspirar a los bolivianos salgan a votar este 18 de octubre, sin importar por quién vayan a hacerlo. La idea principal es “contagiar” el valor de participar de las elecciones a los que están dudando de hacerlo, compartiendo en las redes los materiales que fueron desarrollados para este objetivo como memes, gifs, filtros y otros con la que la juventud se identifica rápidamente.

Para ser parte de este movimiento y compartir en las redes esta iniciativa, sólo se exigían 3 reglas no negociables:

 1.    Sin hacer campaña política

2.    Sin ser pesimistas

3.    Sin dividir

A pocas horas de su lanzamiento se sumaron cientos de líderes de opinión a nivel nacional, personalidades, plataformas ciudadanas, presentadores de televisión y periodistas. De esta forma se demostró que la ciudadanía se moviliza en las redes para convocar a la participación masiva de ejercer nuestro derecho al voto universal. 

Todos los materiales se encuentran en www.votare.com.bo


Acerca del Plan Fénix


El 14 de noviembre 2019, un grupo de ciudadanos profesionales de diferentes edades, sin fines partidarios ni políticos, comenzaron un trabajo ciudadano con el objetivo principal de iniciar la reconstrucción material y física de nuestro país, pero sobre todo, una reconstrucción espiritual y emocional, denominándose el “Plan Fénix”, pues como esta ave, buscan renacer de las cenizas la mejor versión de los bolivianos. #LaMejorVersionDelBoliviano

El Objetivo general es contribuir al fortalecimiento del tejido social del país, sanando heridas históricas entre clases sociales, buscando el reencuentro entre bolivianos y el bienestar colectivo, apoyándonos en nuestras coincidencias más que en nuestras diferencias. A través de iniciativas que promuevan una cultura de paz, estén encaminadas a crear condiciones propicias para el establecimiento de esta y su consolidación, mediante el diálogo y la educación basada en una serie de valores, actitudes y comportamientos, que rechazan la violencia y previenen los conflictos, se apoyen en el respeto de los derechos humanos, la democracia y la tolerancia, la promoción del desarrollo, la libre circulación de información y la mayor participación de la mujer como enfoque integral para prevenir la violencia, priorizando siempre el bienestar social, la equidad de género y los emprendimientos sustentables.


 Acerca de la Fundación Konrad Adenauer


La Fundación Konrad Adenauer (KAS) es una fundación política alemana independiente y sin fines de lucro, con presencia en más de 100 países, basando su trabajo en los principios de libertad, justicia y solidaridad. En Bolivia, la KAS cumple más de 51 años de cooperación, acercando a jóvenes, partidos y dirigentes sociales al ejercicio responsable de la política, a través de una amplia oferta de instancias de formación, en las cuales se impulsa el intercambio de ideas y actividades conjuntas entre organizaciones políticas e institutos de formación afines a la KAS.

Además de la cooperación institucional con socios bolivianos, la KAS lleva a cabo actividades propias a nivel nacional en el marco de su propia atribución y responsabilidad, enfocando su trabajo sobre todo en la formación de jóvenes líderes que se dedican a la política, empoderamiento de mujeres, publicaciones e investigaciones alrededor de la economía, cátedras magistrales, capacitaciones a periodistas, fortalecimiento del Estado de Derecho y apoyo a la gestión legislativa, entre otros.