Magazine # 110
RELEASE DATE: 2020-10-31
image
EDITORIAL BY EDUARDO RODRíGUEZ VELTZé

ENGLISH VERSION

Elections 2020: Minimal and Urgent Agreements

As Bolivians, we need far-reaching political agreements in order to overcome the pandemic and the current political and economic crisis. In my experience as an interim president of Bolivia, I learned that with timely and transparent elections, it is possible to renew and restore the organs of the state through agreements made between all of the main political actors in the country. This happened after President Mesa’s resignation in 2005. Despite the lack of partisan support in the Congress of the Republic of Bolivia, I was able to negotiate, call general elections, hold regional referendums, elect prefects and call for a constituent assembly. Thus, due to this pact between the different parties and governmental bodies that my government organised, stable and fair elections were held and an orderly transition to the new elected regime occurred.

 

Unfortunately, another political crisis arose in 2019. With President Morales stepping down at a time of extreme social divide, it became apparent that there was an urgent need for an interim government that could swiftly arrange new elections. Añez’s government did not satisfy this need. Two factors hindered the transition into a stable governance: firstly, the interim president decided to become a presidential candidate herself, which affected the effectiveness and neutrality of the transition. Secondly, a factor that no one could have foreseen was Covid-19, which revealed that the country did not have the sanitary or medical conditions to face the pandemic and triggered devastating economic repercussions.

 

During times of crisis, it is fundamental to preserve democratic order and the well-being of the majority of the population. In democratic states, ideological differences and power struggles must be dealt with through dialogue, organisation, cooperation and solidarity between opposing parties. When a crisis affects the majority of the country’s population, 

democratic leaders have the utmost duty of suspending their partisan and personal interests in order to fight for the greater good. Thus, political representatives must put aside their differences and agree on solutions to sustain the functioning of the state. History has proven that it is not just the electoral results, judicial decisions or mass protests that have single-handedly resolved conflict and generated the best public policies. Good governors do not seek popularity or media coverage. This will happen organically when those who are democratically elected to govern use this power to protect the people who voted them in. However, political stubbornness which excludes and blames others creates barriers for constructive national debates and hinders democracy and agreement. 

 

Bolivians are having to face one of the worst, if not the worst, crisis in our country’s history: the pandemic has put everyone's life and health at risk and we are still struggling to meet the minimum conditions necessary to face it. Schools and universities have closed their classrooms, virtual teaching exposes social inequalities that obstruct certain sectors from accessing internet and technology. Our economy has been weakened to the point that we are dependent on external credit to cover current spending and our main sources of income that sustain public interest have been seriously affected. Public and private companies have dramatically reduced or closed down activity which has generated unemployment, a job crisis and more poverty. 

 

Instability and crisis are tackled by creating pacts and sacrifices made for the greater good of a country. These values are what we expect from politicians. In the same way that citizens are obliged to attend elections, political leaders are obliged to offer society a minimum set of electoral agreements that correspond to the severity of the crises that we have experienced in the last year.

 

It is a crucial moment for governing bodies to address the following issues:

 

1)    HEALTH: to guarantee sanitary conditions at a national and local level. To provide human, financial and material resources to face the pandemic as well as to guarantee reliable health coverage for all Bolivians.

 

2)    EDUCATION: to educate our younger generations with the sufficient resources at all levels, to ensure their education in the face of the challenges of a new era of uncertainty and poverty.

 

3)    JUSTICE:  to have an accessible, independent and efficient judicial service, with updated and current legislation that safeguards human rights and guarantees legal security for all, without political interference.

 

4)    ECONOMY: to have a stable and sustainable economy, with alternatives to substitute and improve national income and a good management of natural resources. To ensure public policies that reduce poverty and inequality, with better tax conditions to promote growth and job opportunities.


The crisis opens a new opportunity for politics to become a useful tool for society. Therefore, politics and politicians have to negotiate and find ways to accommodate the greater good of the Bolivian people.


---------

VERSIÓN EN ESPAÑOL

Elecciones nacionales: Acuerdos mínimos y urgentes

Nosotros, los bolivianos, necesitamos acuerdos políticos trascendentales para sobrevivir la Pandemia y la actual crisis política y económica. En mi experiencia como presidente transitorio aprendí que con elecciones oportunas y transparentes es posible renovar y restaurar los órganos del estado a través de acuerdos entre todos los principales actores políticos del país. Así sucedió en 2005, tras la renuncia del presidente Mesa. A pesar de la falta de respaldo partidario en el Congreso de la República, logré acordar con éste la reducción de su mandato, convocar a comicios generales, celebrar referendos autonómicos, elección de prefectos y consolidar la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Así, gracias al gran pacto entre los distintos partidos y órganos gubernamentales que organizó mi gobierno, es que se celebraron elecciones correctas e imparciales y se operó una transición ordenada al nuevo régimen electo.


Lamentablemente en 2019 se repitió la crisis política. La renuncia del presidente Morales y la polarización social generaron la urgente necesidad de un régimen que debía convocar a elecciones de inmediato. El gobierno de Añez no satisfació esta necesidad. Dos factores obstaculizaron este tránsito: uno fue la decisión de la presidenta de candidatear a la Presidencia, lo que afecta a la eficacia y neutralidad propias de la transición. Y otro es la inesperada pandemia del Covid-19 que develó la insuficiencia de condiciones sanitarias para enfrentarla y afectando el desarrollo económico del país.


La premisa fundamental en escenarios de crisis es preservar el orden democrático y el bienestar de la mayoría de la población. En democracia, las diferencias propias de la pluralidad ideológica o las aspiraciones de poder deben resolverse a través del diálogo, la coordinación y la cooperación solidaria, especialmente entre los opuestos. Cuando una crisis afecta a la mayoría de la población,  el máximo deber de todos los líderes democráticos es suspender sus intereses partidarios y personales en favor del bien común. Así, estos deben  dejar de lado sus diferencias y concertar soluciones para sostener el funcionamiento del estado. La historia ha demostrado que no son los resultados electorales, los fallos judiciales o las protestas, las que por sí mismas resuelven la convivencia y generan las mejores políticas públicas. El buen gobierno no busca popularidad ni cobertura mediática. Esto sucederá cuando aquellos elegidos democráticamente para gobernar utilicen el poder para proteger al pueblo que los eligió. Pero el actual empecinamiento en la exclusión y la recriminación truncan el debate constructivo e impiden lograr consensos para el futuro.


Los bolivianos enfrentamos una de las peores, sino la peor crisis de nuestra historia: La pandemia del Covid-19 ha puesto en riesgo la vida y la salud de todos y no contamos todavía con las condiciones mínimas para enfrentarla. Las escuelas y universidades han cerrado sus aulas, la actividad virtual tiene deficiencias y asimetrías en el acceso a los medios. La economía del Estado está debilitada al punto de que se anuncia la dependencia de los créditos externos para cubrir el gasto corriente y los principales rubros de ingreso para sostener la renta pública están seriamente afectados. Empresas públicas y privadas reducen o cierran actividades generando desempleo, crisis laboral y más pobreza. 


Las grandes crisis se enfrentan con pactos generales y con la grandeza que viene del sacrificio por el bien común. Estos valores son los que deben mostrar las figuras políticas. Así como los ciudadanos estamos obligados a concurrir a las elecciones, los candidatos están obligados a ofrecer a la sociedad un conjunto mínimo de acuerdos electorales que correspondan a la gravedad de las crisis que vivimos en el último año.


Es una oportunidad impostergable para generar pactos o acuerdos de contenidos generales y eficaces sobre:


1)        SALUD, para garantizar las condiciones sanitarias a nivel nacional y subnacional, recursos humanos, financieros y materiales para atender la pandemia y aquellas necesarias para garantizar una cobertura de salud confiable para todos los bolivianos,

2)        EDUCACIÓN, para atender la formación de la juventud con suficientes recursos en todos sus niveles, para asegurar su formación frente a los desafíos de una nueva era de incertidumbre y pobreza, 

3)        JUSTICIA, para contar con un servicio accesible, independiente y eficaz, con legislación actualizada y armonizada que resguarde los derechos humanos y garantice la seguridad jurídica de todos, sin intromisión política.

4)        Una ECONOMÍA, estable y sostenible, provista de alternativas para sustituir y mejorar los ingresos nacionales y la gestión de los recursos naturales;  con políticas públicas para reducir la pobreza y la desigualdad; con mejores condiciones impositivas para fomentar el crecimiento y  las oportunidades laborales.


La crisis abre una nueva oportunidad para que la política se convierta en un instrumento útil para la sociedad. Por eso, la política y los políticos tienen que encontrar una vocación por el bien común nacional.

A Feminist Democracy? / ¿Democracia feminista?
October 31/2020| articles

Photos: Freddy Barrágan

ENGLISH VERSION

Just a couple of months before the end of 2020, with the general elections in Bolivia and the United States knocking at the door, whilst facing a global health and social emergency, forest fires, economic crises, outstandingly high rates of violence against women, hate crimes against the LGTBQ+ communities and more. In the very least, we owe it to ourselves to admit that the structures, as we know them, are not working. The basis of our most fond conceptions and those we pretend to defend with utmost determination could end up being the ones that harm us the most. 

We must reconsider the foundations on which we have constructed our sexist, racist, discriminatory, and violent societies which do nothing other than to continuously reproduce inequalities. 

One of those foundations is democracy. 

One may wonder, why are we always talking about saving democracy but never about changing it? 

Feminism, as a school of thought, life, and politics, transversal to each and every aspect of life, has the principal intention of eliminating oppression against women. However, it is also against diversities in general without neglecting the fact that these are sustained and intertwined by a capitalist, racist and colonial system. A democracy that does not contemplate these forms of oppression is necessarily paradoxical.

Am I arguing that thinking about democracy in their current state is a fallacy? Yes, most probably. 

Repostulate, Rename. Change the rules of the game. Move the court. 

Change the court. Talk about power. Power and democracy:  are these two inseparable? 

For Foucault, power is not just one, but an intertwined network of relationships that, in short, make the domination of one social class over the other, of one group over the other, possible. Those complex relationships of power can be exercised by the state, the churches, a doctor, a parent, a football team. Nonetheless, despite their diversity, these relationships manage to organise themselves into one global figure that responds to standard parameters. 

So, we can analyse a sport such as football, for example, in which democratic deficiencies are clearly evident as it is a space in which relations of all types, predominantly economic ones, solely accentuate discriminatory gaps in pay, audience, and more. If mixed-football was already in practice, and women were able to build a sportive relationship from their differences and proximities to men, what prevents us from changing the rules? As long as we continue to make these competitive divisions by gender, sporting glory would keep being a male monopoly. If we know that the highest paid player in the world is only 1.7m tall and weighs 72kg, we could easily be referring to a woman who would be just as competent to compete. 

What does this mean? It means refounding the game. Change some statutes to allow fair play. Create other scenarios that could amplify the possibilities. 

On the other hand, Hannah Arendt says that power is not to be found in one person, nor the state; it is found in the legitimacy of others. From what we see every 8th of March (International Women's Day), every 25th of November (International Day for the Elimination of Violence Against Women), power is gradually seeping onto the streets, and it is feminist. We are talking about a very powerful political force that aims to have a direct impact on governments. 

Silvia Federici, on the other hand, states that power takes multiple forms. We have collective power and dominating power. If we talk about feminism, we always refer to power as the development of collective capacities, not taking power over others. If the great political subject of our time is feminism, as a giant headless mass, what are the objectives of this power? 

Yes, there are several things we must deconstruct. We owe it to ourselves. At least to try other methods that do work, to stop the savage models that are reducing us to ashes, to a death-toll, of starved women. 

Language, for instance, is another field in which we can apply this change of rules that restores a relational reordering of powers. Naming things that did not exist before: in Spanish, we previously could not say presidenta (the feminine form of the word president), now we can. Spanish only recognises the masculine for the plural, ignoring women completely and diversity, that is, denying their existence. 

Can we productively talk about democracy while the rights of women still depend on the small, predominantly male conservative groups that hold power in our country? When abortion is not a universal right, can we talk about democracy? When voting is still a right attached to various variables such as class, accessibility, disability, and race/ethnicity, can we talk about democracy? When women who hold high governmental positions tend to be masculinized (such as Bachelet or Merkel), to survive the political system, can we talk about democracy? In Bolivia, within our democratic system we have implemented equal representation, but this has not shown substantial improvements in public policies in favour of women. Is democracy just the mere act of just going to vote? Can we talk about democracy when candidates are only upper-class white men? 

Rita Segata said, ''A democracy that is not pluralistic will be a dictatorship of the majority.'' She claims the following, ''The only way of reorienting history is deconstructing the mandate of masculinity.'' Mary Beard tells us how since the first literary and artistic indications, women have been systematically silenced and deprived of the word, especially and with greater emphasis in the public sphere. How can we talk about democracy if the women who dedicate themselves to politics suffer harassment? 

We owe it to ourselves to try deconstructing violent masculinity, savage capitalism, racism, patriarchy, but also the democracy we know and the one which functions under the logic of those who hold rancid power relationships that we do not dare to question. 

I think the way out of society’s engrained oppressive systems is feminism. Rethinking democracy, with feminism. Rethinking the world, with feminism.


---------------

VERSIÓN EN ESPAÑOL

A un par de meses de terminar el 2020, con las elecciones generales de Bolivia y de Estados Unidos en puerta, atravesando una emergencia sanitaria y social mundial, incendios forestales, crisis económicas, altísimas tasas de violencia contra las mujeres, crímenes de odio contra las poblaciones LGBTQ+ y más; creo que nos debemos al menos la sinceridad de admitir que las estructuras, tal como las hemos pensado, no están funcionando; que las bases de nuestras concepciones más queridas y las que pretendemos defender con más ahínco, pueden ser aquellas que más daño nos hacen.

Debemos reconsiderar los fundamentos sobre los cuales hemos construido nuestras sociedades machistas, racistas, discriminadoras y violentas, que no hacen otra cosa que seguir reproduciendo desigualdades. 

Uno de esos conceptos es el de la democracia.

Cabe preguntarse: ¿Por qué siempre estamos hablando de salvar la democracia, pero nunca de cambiarla?

El feminismo, forma de pensamiento, vida y política transversal a cada aspecto de la vida, tiene la principal intención de eliminar las opresiones contra las mujeres, pero también contra las diversidades en general sin descuidar que estas están sostenidas y entrelazadas por un sistema capitalista, racista y colonial. Una democracia que no contemple estas formas de opresión es todo lo contrario a sí misma.

¿Estoy planteando que pensar en la democracia en nuestros actuales sistemas es una falacia? Probablemente sí.

Repostular. Renombrar. Cambiar las reglas del juego. Mover la cancha.                                                                        

Mover la cancha. Hablar de poder. Poder y democracia, ¿inseparables?

Para Foucault el poder no es uno solo, sino una red entrelazada de relaciones que, en suma, hacen posible la dominación de una clase social sobre otra, de un grupo sobre otro. Esas relaciones complejas de poder las puede ejercer el Estado, las iglesias, un médico, un padre de familia, un equipo de fútbol. Sin embargo, a pesar de su diversidad, esas relaciones logran organizarse en una especie de figura global que responde a parámetros estándares.

Así que, podemos analizar un deporte como el fútbol, por ejemplo, en el que se evidencian claramente falencias democráticas al ser un espacio cuyas relaciones de todo tipo, más aún las económicas, sólo acentúan brechas discriminatorias en pago, audiencia y más. Si en el mundo ya se practica el fútbol mixto, hombres y mujeres que construyen una relación deportiva desde sus diferencias y proximidades, ¿qué nos impide cambiar las reglas? Porque mientras sigamos haciendo estas divisiones competitivas por género, la gloria deportiva va a seguir siendo un monopolio masculino. Si sabemos que el jugador mejor pagado mide solo 1.70 y pesa 72 kg, bien podríamos estar hablando de una mujer y bien podrían competir.

¿Qué significa esto? Significa refundar el juego. Cambiar algunos estatutos para permitir el juego justo. Crear otros escenarios que puedan ampliar las posibilidades.

Por otro lado, Hannah Arendt dice que el poder no está en una sola persona, ni en el Estado; está en la legitimidad que le otorgan los otros. Por lo que vemos cada 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer), cada 25 de noviembre (Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la mujer) el poder está tomando de a poco las calles y es feminista. Estamos hablando de una potentísima fuerza política que apunta a tener directa incidencia en los gobiernos.

Silvia Federici, en cambio, afirma que el poder no es una cosa única, que está el poder con y el poder sobre y que, si hablamos de feminismo, siempre nos referimos al poder como desarrollo de las capacidades colectivas, no el poder sobre las otras personas. Si el gran sujeto político de nuestros tiempos es el feminismo, como una masa gigante sin cabeza, ¿cuáles son los objetivos de este poder?

Sí, son varias las cosas que tenemos que desmontar. Nos lo debemos. Al menos para intentar otros métodos que sí funcionen, para detener el modelo salvaje que nos está reduciendo a cenizas, a cifras de muertas, de hambrientas.

El lenguaje, por ejemplo, es otro campo donde se puede aplicar el cambio de reglas que restituyen un reordenamiento relacional de poderes. Nombrar cosas que antes no existían: en español no podíamos decir presidenta, ahora sí. El español sólo reconoce el masculino para el plural, desconociendo por completo a las mujeres y a las diversidades, es decir, negando su existencia.

Cuando los derechos de las mujeres todavía dependen de pequeños grupos conservadores que sostienen el poder, ¿podemos hablar de democracia? Cuando el aborto no es un derecho universal, ¿Podemos hablar de democracia? Cuando votar sigue siendo un derecho por muchas variables sujeto a la clase, a la accesibilidad y la capacidad adquisitiva y a otros factores racistas, ¿Podemos hablar de democracia? Cuando las mujeres que ejercen los más altos cargos gubernamentales tienden a masculinizar (como Bachelet o Merkel), para sobrevivir al sistema, ¿Podemos hablar de democracia? En Bolivia, dentro de nuestro sistema democrático hemos implementado la representación paritaria, pero esto no ha mostrado mejoras sustanciales de políticas públicas en favor a las mujeres, ¿Podemos hablar de democracia? ¿Será democracia solo el mero hecho de ir a votar? ¿Podemos hablar de democracia cuando los candidatos son solo hombres blancos de clase alta?

Rita Segato dice: “Una democracia que no es pluralista será una dictadura de la mayoría”. Ella misma alega lo siguiente: ""La única manera de reorientar la historia es desmontando el mandato de masculinidad"". Mary Beard, nos cuenta cómo desde los primeros indicios literarios y artísticos la mujer es sistemáticamente silenciada, callada y privada de la palabra, especialmente y con mayor énfasis, de la pública. ¿Cómo podemos hablar de democracia si las mujeres públicas que se dedican a la política sufren acoso?

Nos lo debemos, sí, intentar desmontar la masculinidad violenta, el capitalismo salvaje, el racismo, el patriarcado; pero también la democracia que conocemos y que funciona bajo las lógicas de quienes ostentan las relaciones de poder rancias que no queremos cuestionar.

Yo creo que la salida es el feminismo. Repensar la democracia, desde el feminismo. Repensar el mundo, desde el feminismo.

LET´S RECONCILE BOLIVIA! / ¡RECONCILIEMOS BOLIVIA !
October 31/2020| articles

Images: Reconciliemos Bolivia

ENGLISH VERSION

The launch of the campaign “You are better than that! Let's reconcile Bolivia through dialogue ""


The campaign seeks to raise awareness of the need to reconcile Bolivians who are divided by political and electoral polarisation.
Four weeks before the 2020 general elections, the Service for World Peace (SWP), as part of the Civil Service for La Paz (SCP) of Germany and Bolivian institutions such as Social Research and Advice Legal de Potosí (ISALP in Spanish), Centro Juana Azurduy and Fundación Acción Cultural Loyola (ACLO in Spanish) presented the campaign “You are better than that! Let's reconcile Bolivia with dialogue ”.
The campaign aims to promote reconciliation between Bolivians who are highly polarised by the general elections in October. It also seeks to encourage public and civil society actors to participate in the prevention and constructive transformation of social conflicts. This initiative is part of the work that these institutions carry out in the south of the country, specifically in Chuquisaca, Potosí and Tarija, within their ‘Conflict Prevention and Transformation Program’.
The campaign will last a month and will be carried out intensively on social networks and radio stations in urban and rural areas. Transmedia resources will also be used. Material will be distributed in Spanish and two native languages (Quechua and Guaraní). As the main part of the campaign, a radio show is scheduled to begin on October 5 on more than 15 stations in the country.
For all those who are interested in participating in the campaign, further information is available at www.reconciliemosbolivia.org


---------

VERSIÓN EN ESPAÑOL

Se lanzó la campaña “¡Eres mejor que eso! Reconciliemos a Bolivia con diálogo”

La campaña busca concientizar sobre la necesidad de reconciliar a los bolivianos divididos por la polarización política y electoral.

A cuatro semanas de las elecciones generales 2020, el Servicio para la Paz Mundial (WFD), como parte del Servicio Civil para La Paz (SCP) de Alemania e instituciones bolivianas como Investigación Social y Asesoramiento Legal de Potosí (ISALP), Centro Juana Azurduy y Fundación Acción Cultural Loyola (ACLO) presentaron la campaña “¡Eres mejor que eso! Reconciliemos Bolivia con diálogo”.

La campaña tiene por objetivo promover la reconciliación entre bolivianas y bolivianos en un contexto altamente polarizado por las elecciones generales de octubre. También busca impulsar que actores públicos y de la sociedad civil participen en la prevención y la transformación constructiva de los conflictos sociales. Esta iniciativa es parte del trabajo que las instituciones responsables realizan en el sur del país, concretamente en Chuquisaca, Potosí y Tarija, dentro de su “Programa de Prevención y Transformación de Conflictos”.

La campaña durará un mes y se realizará intensamente en redes sociales y emisoras radiales urbanas y del área rural. También se usará recursos transmedia. Se distribuirá material en español y dos idiomas nativos (quechua y guaraní). Como pieza principal de la campaña, se tiene prevista la emisión de una radionovela a partir del 5 de octubre en más de 15 emisoras del país.

Para todas aquellas personas que estén interesadas en participar en la campaña, la información se encuentra disponible en www.reconciliemosbolivia.org